Una madre denunció formalmente la vulneración del régimen comunicacional y de los derechos de su hijo de 11 años tras ser impedida de visitarlo mientras permanecía internado luego de una intervención quirúrgica el pasado sábado. Según la carta presentada —cuyo texto se adjunta preservando la identidad de la denunciante en reserva para proteger al menor—, el progenitor a cargo negó el acceso argumentando que el momento no se encontraba dentro del régimen pautado, restricción que se habría mantenido incluso durante el período correspondiente al contacto fijado judicialmente. La mujer señaló que la situación se inscribe en un proceso familiar y judicial previo, en cuyo marco rige además una prohibición de acercamiento del progenitor hacia ella.
El reclamo enfatiza la ausencia de intervención institucional para garantizar el acompañamiento y la contención del niño en el centro de salud por encima del conflicto entre adultos. En la presentación se sostiene que las medidas restrictivas entre las partes no deben obstaculizar la relación materno-filial, invocando el principio del interés superior del niño y su derecho a mantener comunicación con ambos progenitores siempre que ello no implique un riesgo para su persona.
Finalmente, mediante el escrito adjunto, la denunciante solicitó que se tomen actuaciones sobre lo ocurrido, se investiguen los hechos y se implementen las medidas pertinentes para hacer cumplir de forma efectiva el régimen comunicacional vigente. El petitorio concluye con el pedido de que se escuche al menor de 11 años y se priorice su bienestar y protección integral frente a las disputas existentes.
Carta de la madre
DESCARGO Y RECLAMO URGENTE POR VULNERACIÓN DE DERECHOS
Por medio del presente quiero dejar expresada mi profunda preocupación, indignación y dolor frente a una situación que considero de extrema gravedad y que nuevamente vulnera no solamente mis derechos como madre, sino principalmente los derechos de mi hijo de 11 años.
Desde hace tiempo atravieso una situación familiar y judicial sumamente desgastante, originada a partir de una denuncia que considero falsa y que, lejos de proteger a mi hijo, terminó siendo utilizada como una herramienta para continuar ejerciendo violencia hacia mí y mantener el control sobre el vínculo con mis hijos.
Todo lo que he logrado hasta el día de hoy para poder mantener contacto con mi hijo y ejercer mi rol de madre me ha costado muchísimo. Han sido meses de estrés, angustia, llanto, desesperación y de recorrer distintos organismos y lugares buscando que alguien me escuche y que se garantice el cumplimiento de un régimen comunicacional que ya fue establecido.
Muchas veces tuve que pedir, insistir, explicar y hasta suplicar que se me permitiera ejercer algo que no debería tener que mendigar: mi derecho a ser madre y el derecho de mi hijo a mantener un vínculo con su madre.
El día sábado ocurrió una situación que considero inadmisible.
Mi hijo debió ser intervenido quirúrgicamente y quedó internado. En ese momento, cuando más necesitaba el acompañamiento y contención de sus seres queridos, se me impidió verlo.
El progenitor se negó rotundamente a permitirme ingresar y ver a mi hijo, argumentando que ese momento no se encontraba dentro del régimen comunicacional establecido. Incluso cuando correspondía que yo pudiera ejercer mi régimen, nuevamente se me impidió el contacto.
Lo más grave es que, ante esta situación, nadie intervino para garantizar los derechos de mi hijo.
¿Cómo puede ser que un niño de 11 años, internado y recién intervenido quirúrgicamente, no pueda tener contacto con su madre simplemente porque el adulto que se encuentra a cargo decide impedirlo?
¿Dónde quedan los derechos del niño?
¿Dónde queda el interés superior del niño?
¿Dónde queda su derecho a mantener contacto con ambos progenitores cuando ello no implique un riesgo para él?
También resulta especialmente preocupante que existiendo una prohibición de acercamiento respecto del progenitor hacia mi persona, igualmente se permita que esa situación sea utilizada para impedir el vínculo entre mi hijo y yo.
No estoy reclamando privilegios. No estoy pidiendo que se ignore ninguna resolución judicial. Estoy reclamando que se cumplan las medidas existentes y que, por encima de cualquier conflicto entre adultos, se proteja a un niño.
Mi hijo no debería quedar en medio de una disputa entre adultos. No debería ser utilizado como instrumento de control, castigo o presión. Y mucho menos debería ser privado del contacto con su madre mientras se encuentra internado y atravesando una situación de salud que requiere contención emocional y familiar.
Durante todo este tiempo he intentado recurrir a las vías institucionales, respetar lo establecido y buscar respuestas por los medios correspondientes. Sin embargo, siento que una y otra vez mi voz es ignorada y que termino siendo yo quien debe luchar constantemente para que se respeten derechos que deberían estar garantizados.
Por todo lo expuesto, solicito que se tome conocimiento de lo sucedido, que se investigue la situación y que se adopten las medidas necesarias para garantizar de manera efectiva los derechos de mi hijo y el cumplimiento del régimen comunicacional vigente, evitando que cualquier conflicto entre los adultos continúe afectando su bienestar y su vínculo materno.
No pido que se me dé la razón por ser su madre. Pido que se escuche a mi hijo, que se respete su derecho y que se actúe poniendo por delante su bienestar y su interés superior.
Porque detrás de cada expediente, cada resolución y cada régimen comunicacional hay un niño de 11 años que tiene derecho a ser escuchado, cuidado y protegido.
Y también hay una madre que, después de tanto dolor, cansancio y lucha, solamente está pidiendo poder ejercer su rol y acompañar a su hijo.
Los derechos de los niños no pueden depender de la voluntad de un adulto. Y el vínculo entre una madre y su hijo no puede convertirse en una herramienta de violencia o de poder.
