El joven talento del Barcelona celebró su cumpleaños y generó un verdadero escándalo, a tal punto que terminó siendo denunciado.
España – La celebración del cumpleaños número 18 del joven futbolista del FC Barcelona, Lamine Yamal, ha desatado una fuerte polémica en España, generando ya consecuencias legales y sociales. El motivo central de la controversia es la contratación de personas con acondroplasia —una forma de enanismo— como parte del entretenimiento de la fiesta, un hecho que fue calificado de “denigrante y discriminatorio” por organizaciones civiles y funcionarios del Gobierno.
La Asociación de Personas con Acondroplasia y Otras Displasias Esqueléticas con Enanismo fue una de las primeras en pronunciarse públicamente. Consideran que lo ocurrido “constituye un acto discriminatorio” y afecta directamente la dignidad de las personas con discapacidad. “Este tipo de espectáculos degradan la imagen del colectivo y fomentan estereotipos ofensivos”, expresó Carolina Puente, presidenta de la entidad.
Medidas legales y repudio gubernamental
Desde la organización, se anunció que ya se han iniciado medidas tanto judiciales como sociales para “salvaguardar la dignidad de las personas con discapacidad”. En este marco, citaron el Real Decreto Legislativo 1/2013, Artículo 18, que prohíbe expresamente espectáculos o actividades que se sirvan de la discapacidad como recurso de burla o mofa. “Lo ocurrido es absolutamente inadmisible en pleno siglo XXI”, sentenció Puente.
En paralelo, el Gobierno español también manifestó su preocupación por el episodio y anunció que presentará una denuncia formal ante la Fiscalía y también se dirigirá al Defensor del Pueblo, solicitando una investigación a fondo sobre la participación de personas con enanismo en la fiesta de Yamal. Desde la Dirección General de Derechos de las Personas con Discapacidad, su titular, Jesús Martín Blanco, fue contundente: “Contratar a personas con discapacidad, con enanismo en concreto, para que los asistentes a una fiesta se rían y se burlen de ellas es denigrante y discriminatorio”.
Martín Blanco añadió que “es inaceptable que, en pleno siglo XXI, se siga utilizando a las personas con enanismo como bufones”, y recordó que estos espectáculos “ya están prohibidos por ley”. Además, alertó sobre el efecto multiplicador que puede tener este tipo de conductas cuando provienen de figuras públicas: “Estos comportamientos agravan la discriminación y el estigma que ya sufrimos las personas con enanismo”.
Reclamo de disculpas y el impacto de figuras públicas
Carolina Puente, presidenta de la asociación, aludió a un caso emblemático para explicar la gravedad del asunto: el del francés Manuel Wackenheim, quien llegó a instancias judiciales internacionales reclamando su derecho a trabajar como “lanzador de enanos”, y donde primó la defensa de la dignidad humana. “La influencia de figuras como Yamal amplifica el daño. Normaliza una conducta que perpetúa la discriminación entre los jóvenes y desinforma sobre la realidad del colectivo”, explicó Puente, quien además exigió una disculpa pública tanto por parte del jugador como del FC Barcelona.
El incidente ha generado un fuerte debate sobre la responsabilidad social de las figuras públicas y la importancia de respetar la dignidad de todas las personas, especialmente aquellas con discapacidad.
Desde 2010 hasta mediados de 2023, según los últimos datos del Ministerio de Exteriores, 3.112 niños nacidos por gestación subrogada se han inscrito en distintos consulados españoles repartidos por el mundo. Lo han hecho en el extranjero porque, en España, esta técnica esta prohibida. Aun así, al menos 13 agencias ejercen en nuestro país como intermediarios para que aquellos que quieran ser padres usando esta técnica, lo puedan hacer en Estados Unidos, Ucrania o Canadá, países donde sí es legal.
En España, tal y como explica Itziar Alkorta, profesora de Derecho Civil en la Universidad del País Vasco, «esta práctica está regulada desde hace muchísimo tiempo, en realidad desde la primera Ley de Reproducción Asistida y no es legal, esta prohibida». Los bebés nacidos de esta forma se pueden inscribir en España, porque se entiende que prevalece el interés superior del menor, «siempre que cumpla determinadas condiciones, y una de esas condiciones es que la maternidad subrogada sea legal en el país y haya sido consentida plenamente y conscientemente por la madre subrogada».
Así, aunque en España sea ilegal ser madre o padre mediante la gestación subrogada, es posible hacerlo fuera del país y luego inscribir a ese niño como tu hijo. Para poder llevar a cabo ese proceso, los padres recurren a agencias de intermediación, a bufetes de abogados que se encargan de todo el proceso.
Con una rápida búsqueda en Google, se encuentran rápidamente al menos trece agencias distintas que se ofrecen como intermediarios para que parejas o solteros españoles puedan ser padres a través de la gestación subrogada. La mayoría son empresas extranjeras, estadounidenses, aunque aunque también hay mexicanas o ucranianas y tres empresas españolas que, con la ley en la mano, no deberían existir: «la intermediación está condenada por el Código Penal y está prohibida en España. Pero se hace, porque nadie las ha denunciado», explica Alkorta.
Y mientras esa denuncia no llegue, estas agencias continúan operando en nuestro país. Operando y, por tanto, facturando: aunque ninguna de las tres tiene actualizadas sus cuentas, según los últimos registros que presentaron, estas tres empresas facturaron más de 3.000.000 de euros en solo un año. Un proceso completo de gestación subrogada en Estados Unidos cuesta, de media, unos 200.000 euros.
Catálogos de mujeres
Nos hemos puesto en contacto con una de las trece agencias que hemos encontrado y, haciéndonos pasar por un posible cliente, hemos preguntado por las condiciones, por las cláusulas concretas del contrato mediante el que conseguiríamos ese bebé. La persona que nos atiende nos explica que «te mandan por correo lo que es el perfil de Catherine, por ejemplo, y tú vas a ver su fotografía, a qué se dedica, en qué emplea su tiempo libre, cuántos embarazos ha tenido, cuántos hijos tiene, si está casada, si está separada, en qué trabaja… Cómo han sido sus embarazos, cómo han sido sus partos, si han sido vía vaginal o de cesárea…».
Así es como se elige a la madre gestante, a la mujer que se va a embarazar y que va a parir al bebé. Para elegir a la donante de óvulos, es decir, a la madre biológica, se tira, directamente, de catálogo: «La clínica te va a dar acceso a su banco de óvulos y vas a poder ver todos los perfiles, la fotografía, el historial médico y elegirás a la donante que quieras», explican desde una de las agencias de intermediación.
Es importante recalcar que, para cualquier proceso de inseminación artificial o frecundación in vitro en Españ, está terminantemente prohibido elegir a la donante de óvulos o al de esperma, por motivos de privacidad y de ética médica. Pero, como ya hemos dicho, este proceso no se rige bajo las normas españolas.
Las cláusulas del contrato
Un embarazo, y un parto, no es ninguna tontería. Es un proceso sí, natural, pero que conlleva sus riesgos. Desde las agencias se escudan en que las madres gestantes conocen esos riesgos y que se les paga por ellos. Así explican lo que sucede en caso de tener que practicar una cesárea a la madre gestante: «la cirugía la va a cubrir el seguro médico de la gestante, pero aparte tú vas a tener que pagar pues 3.000 o 4.000 dólares a la gestante, que es lo que ella pide».
Y una cesárea, pese a sus riesgos, es un proceso relativamente habitual. Pero estas agencias también se cubren las espaldas en situaciones más graves: «Otra situación que puede darse es que el parto se complique y le tengan que extraer un ovario, una trompa de falopio o incluso el útero. Ahí va a depender del coste que ella ponga por una pérdida de órgano. No es lo mismo una histerectomía total [una extracción del útero] que un ovario. Por un ovario a lo mejor tienes que darle una compensación de 2.000 dólares y por una histerectomía total, pues 5.000 dólares, por ejemplo».
2.000 dólares por perder un ovario y 5.000 por perder el útero y, por tanto, la posibilidad de ser madre de nuevo. No son las únicas «compensaciones». Otra de las agencias, por ejemplo, asegura que, si la mujer muere, indemnizarán a su familia, dándoles 20.000 euros.
Hay más cláusulas. Por ejemplo, la que se establece si hay un aborto. En los casos de gestación subrogada, la madre no recibe todo el dinero de golpe, sino que se divide en cuotas y se va pagando «a mes vencido», según explican desde la agencia. Así, «si hemos perdido al bebé en el segundo mes de embarazo, habrá percibido tres cuotas: la del mes de estimulación uterina y los dos meses de embarazo. Si cada cuota es de 6.000 euros, habremos perdido 18.000 euros, que tendremos que volver a poner en un segundo intento».
Existe otra cláusula, otra garantía, que no ofrecen todas las agencias, pero sí algunas. Esta es una recreación de una oferta real que está publicitada en la página web de una de las agencias:
Pase lo que pase. Si el bebé muere antes de cumplir los dos años, te dan otro, por el mismo precio.
Los padres, a favor; las feministas, en contra
Esto son los datos, los entresijos reales de un negocio. Luego están las opiniones. Para Eduardo Chaperón, portavoz de ‘Son nuestros hijos’, el Gobierno de España debería regular esta actividad para que la gestación subrogada sea legal en España: «Hay que regular para garantizar los derechos de la mujer y también y muy importante del menor, al que hay que reconocer un derecho de filiación», explica.
Añade que «nada protege más a la mujer que regular la gestación subrogada y dejar de depender de legislaciones foráneas» y que considera que la regulación debe llegar ya porque «va a suceder y cuanto más tardemos en hacerlo, más tarde llegaremos y peor será para todas las partes».
Una posición que choca con la que mantienen distintos organismos internacionales, y también el movimiento feminista. Rosa San Segundo es catedrática de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid: «Las feministas condenan totalmente los vientres de alquiler, porque consideran que es trata de niños, de recién nacidos y de órganos y mujeres. Y está el crimen organizado detrás. Pero no solo es el movimiento feminista: el Consejo de Europa y el Parlamento Europeo lo condenan abiertamente».
San Segundo, además, pone el foco en otro aspecto de este negocio, que los padres pueden negarse a recoger a los bebés si, al nacer, se descubre que tienen algún tipo de discapacidad física o intelectual: «Estos niños viven en unos en unos orfanatos en unas condiciones más que infrahumanas. No los sacan de las cunas, no han sido evacuados en la guerra, viven en sótanos sin electricidad, desnutridos, atados a las cunas…», explica la catedrática, que se refiere a la situación de los niños en orfanatos ucranianos, uno de los países punteros en gestación subrogada, destapada por la BBC. Hay miles de niños con algún tipo de discapacidad entre los 100.000 que viven en orfanatos con estas condiciones en Ucrania.
Igualdad estudia acciones legales
Según ha podido saber la Cadena SER, el ministerio de Igualdad, a través del Instituto de las mujeres, está terminando un informe para estudiar qué acciones legales se pueden emprender contra estas agencias de intermediarios.
Recuerdan las mismas fuentes que la Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo prohíbe la promoción comercial de la gestación subrogada.
Además, recuerdan que ya han elaborado un análisis de la publicidad de esta práctica, a partir de las quejas recibidas por el Observatorio de Imagen de las Mujeres desde 2018.
Por Adrián del Pozo
Periodista de informativos en los fines de semana. He pasado por la sección de Sociedad y por las radios que sintonizan SER Tudela, Radio Madrid y Radio Bilbao. Estudié Periodismo, y también Lingüística, en la Universidad Rey Juan Carlos.
Según muchos historiadores, la profesionalización del espionaje por parte de la Monarquía hispánica ayudó a mantener la hegemonía sobre el Atlántico
Todos los grandes imperios de la historia han tenido espías. Desde la Antigüedad a la época actual, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna. Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre cuándo nació el primer servicio profesional de espionaje, aunque todo apunta a que fue con los emperadores Trajano y Adriano. Es bien conocido que, en el siglo II, el cuartel de Castra Peregrina ya funcionaba como una especie de CIA en la que trabajaban civiles y militares recabando información. De esta época son, por ejemplo, Marco Oclatinio Advento, un soldado que organizó una red de informadores en Britania, o Marco Aquilino Felice, un sicario que se convirtió en agente doble.
La información sobre el enemigo se convirtió desde entonces en un arma más letal que cualquier bomba o ejército. Así ha continuado hasta las guerras actuales de Rusia contra Ucrania e Israel contra Palestina. Sin embargo, si echamos la vista atrás, es probable que no haya ningún servicio de espionaje como el que se estableció en el Imperio español tras el descubrimiento de América. El territorio sobre el que tenía que gobernar la Monarquía hispánica era tan vasto, que tuvieron que dedicar una ingente cantidad de recursos para saber lo que ocurría en cada rincón.
En realidad, este servicio fue una evolución de los que ya existían en los Reinos de Aragón y Castilla antes de que se produjera la unión dinástica de los Reyes Católicos en 1469. «El Archivo de la Corona de Aragón guarda cartas que mencionan a los espías de Fernando I y Alfonso V y Jerónimo Zurita, historiador y cronista oficial del Reino de Aragón, hace referencia en sus Anales de la Corona de Aragón del uso pasado de ‘espías e inteligentes’. El Reino de Castilla también desarrolló misiones de espionaje durante el siglo XV, sobre todo en las distintas campañas contra el reino de Granada», cuenta Diego Navarro Bonilla en ‘Cartas entre espías e inteligencias secretas en el siglo de los validos’ (Ministerio de Defensa, 2007).
Además, tras la toma de Granada en 1492, los Reyes Católicos consiguieron que el Papa Alejandro VI les concediera permiso para comerciar con el norte de África. En realidad, era una tapadera para realizar misiones de espionaje y recibir avisos. Fue en esta época de tránsito entre la Edad Media y la Edad Moderna en la que apareció en Europa un nuevo tipo de Estado que basaba su poder en un aparato administrativo más complejo, en la formación de ejércitos permanentes y en el establecimiento de embajadas permanentes en el extranjero.
Embajadas Con el surgimiento de estas legaciones diplomáticas, apareció la figura del espía permanente, que se diferenciaba de los que eran enviados puntualmente para ciertas misiones. El espionaje se profesionalizó y las embajadas pasaron a tener una doble función de representación, como ya se venía haciendo desde hacía siglos, y otra asociada al mundo del espionaje, que era nueva y secreta. Esta última supuso una verdadera revolución, porque hasta aquel momento, la diplomacia se entendía como un intercambio de emisarios, puntuales y temporales.
Como apuntan Javier Marcos Rivas y Carlos Carnicer García en ‘Espías de Felipe II: los servicios secretos del imperio español’ (La Esfera de los Libros, 2005), «Con el paso del tiempo y con el conocimiento sobre otros Estados que proporcionaba vivir en ellos de forma prolongada, estos contactos más o menos esporádicos se fueron convirtiendo en una auténtica maraña de relaciones, en redes de espionaje. Es fácil deducir, por lo tanto, que el surgimiento de los servicios secretos como estructura organizada y permanente discurre de forma paralela a la diplomacia moderna».
En esto, nadie lo hizo mejor que Felipe II. Durante su reinado entre 1556 y 1598, ningún país dedicó tanto dinero y agentes al espionaje. Gracias a ello, el Imperio español lo controló todo durante siglos a ambos lados del Atlántico y contó con información más fiable que el resto de las monarquías europeas. Con este Rey, el servicio de inteligencia de los Austrias alcanzó su culmen, como demuestra su obsesión por mantener sus asuntos en secreto. En los márgenes de una de sus cartas escribió: «Si lo saben seis hombres y él [el embajador Mendoza], más hombres lo saben». En otro documento añadió: «Como el secreto entre muchos dura poco y se guarda mal, no puede dejar de dar cuidado a verse derramado por tantos».
Edward Stafford Uno de los grandes fichajes de Felipe II fue el embajador inglés en París, sir Edward Stafford, que fue víctima de su adicción al juego. Para saldar sus deudas, vendió información reservada de su Gobierno. Tan pronto como tenía conocimiento de los movimientos de la Royal Navy, avisaba a su homólogo español en aspectos tan cruciales como los planes de atacar Cádiz o Lisboa. Mientras, engañaba a su propio Rey tergiversando las intenciones de Felipe II, al que presentaba como un monarca pacífico sin intención de iniciar ninguna ofensiva cuando ya la estaba preparando.
¿Cómo consiguió Felipe II desarrollar una estructura tan eficiente? Algunos expertos creen que se debió a que el servicio de inteligencia de los primeros Austrias tenía un organigrama piramidal. A su cabeza, por supuesto, se situaba el monarca y, por debajo, el Consejo de Estado y de Guerra, con quién se relacionaba mediante el secretario de Estado. Por debajo de este nivel estaban los diferentes delegados regios, virreyes, gobernadores, capitanes generales y embajadores, de los que dependían las redes de espionaje.
Felipe II y sus sucesores, por lo tanto, tenían la última palabra a la hora proponer y autorizar misiones, aprobar o denegar la contratación de espías, autorizar gastos y controlar su distribución y establecer las normas en cuestión de comunicación y seguridad en lo que respecta a las operaciones. En el caso de Felipe II hasta tenía conocimientos sobre criptografía. Él mismo cifraba y descifraba personalmente algunos documentos secretos. «En definitiva, se puede afirmar que controlaba y supervisaba todos los resortes de los servicios secretos, actividad a la que tenía una inclinación personal, consciente de que era el fuego que alimentaba las calderas de su política exterior», añaden Rivas y Carnicer en su ensayo. Espionaje militar
El Consejo de Guerra, por su parte, tenía que sugerir los nombres de los militares que iban a ejercer de espías, sobre todo en lo que se refiere al espionaje de carácter más militar. Generalmente, Felipe II trataba de no asistir a las reuniones para no condicionar las deliberaciones. Más tarde le informaban a través del secretario de Estado, que resultaba el jefe nominal de los servicios de información del Imperio. Antes de morir en 1598, Felipe II aconsejó a su hijo Felipe III que estuviera informado «de las fuerzas, rentas, gastos, riquezas, soldados, armas y cosas de este talle de reyes y reinos extraños». Un año después, el que fuera responsable de los servicios secretos, Juan Velázquez de Velasco, le escribió al Rey la siguiente carta el 28 de enero de 1599: «Conviene al servicio de vuestra majestad, para ser bien servido en este ministerio [del espionaje], mande a todas las inteligencias y los espías que acudan a mí para que les oiga y examine sus avisos […], para averiguar las verdades y las mentiras y saque la sustancia de todo para dar cuenta a su majestad».
Esta misiva, con la que Velázquez quería centralizar y canalizar toda la información bajo su control, refleja la trascendencia que había alcanzado el espionaje en el Imperio español. Uno de sus espías más interesantes y con una vida más intrépida de las Monarquías de Felipe II y Felipe III fue Bernardino de Mendoza, que estuvo destinado primero en Inglaterra y Francia, los dos países más importantes en el escenario político internacional y los principales rivales en la hegemonía de España.
Agente sagaz De Mendoza lo fue todo en el Imperio español: un militar formidable, un diplomático eficaz, un brillante escritor al servicio de la Monarquía y, sobre todo, un agente sagaz. Su carrera fue meteórica. Después de entrevistarse por primera vez con Felipe II, recibió el encargo de reunirse en Londres con la Reina Isabel I de Inglaterra, para conseguir que España pudiera usar los puertos ingleses para lanzar su ataque contra los protestantes holandeses. A continuación, visto su potencial, el Rey de España lo puso al frente de la Embajada de España en Londres para que recondujera las complicadas relaciones con Isabel I. El embajador español tuvo que lidiar con el odio que la Reina de Inglaterra sentía por España y soportar los ataques que esta le dedicó en los primeros tiempos de su cargo. La tensión fue en aumento y el diplomático vio los intereses del imperio amenazados, por lo que aprovechó la oportunidad para intentar acabar con ella a través del complot que estaba organizando Francis Throckmorton. Mendoza tejió una red secreta de informantes y espías entre las personalidades cercanas a Isabel I. La Reina no se quedó quieta y uno de sus ministros más importantes, Francis Walsingham, hizo lo mismo con su propio servicio de espionaje.
Cuando descubrió el complot, ordenó la detención de Throckmorton, y este, bajo tortura, involucró al embajador español. Bernardino de Mendoza tuvo que abandonar Francia a toda prisa en 1584. Huyó a París y, de ahí, a Madrid, donde se reunió con Felipe II para rendir cuentas. A continuación fue nombrado embajador en Francia, donde tuvo que hacer frente a graves problemas de índole religioso. En concreto, el conflicto que azotaba al país desde hacía varias décadas y que había tenido su punto álgido en 1572 con la matanza de hugonotes de San Bartolomé, donde optó por ayudar en secreto a los reprimidos católicos.
Es fácil imaginar lo convulsos que fueron para Mendoza todos esos años de labor en la sombra a través de otra amplia red de colaboradores y espías que tuvo que tejer en su nuevo destino, pero consiguió estar al corriente de todo lo que ocurría en el país. De hecho, la embajada española en París se convirtió en el centro neurálgico de la conspiración contra Enrique III y su madre, Catalina de Médicis. Con el apoyo financiero y militar de España, canalizado a través de él, la Liga Católica pronto se hizo con el control del noroeste de Francia y comenzó a amenazar a la capital. Mendoza se salió con la suya, pues consiguió que el Pontífice excomulgara al Rey de Francia y que este se viera obligado a revocar los privilegios que había otorgado a los hugonotes.
Gracias a los hábiles movimientos en la sombra de Mendoza, España adquirió una gran influencia en su vecino del norte y logró neutralizar la amenaza protestante. En los siguientes conflictos, tuvo siempre al corriente a Felipe II y Felipe III de todos los asuntos que se producían en Francia, como jefe de los espías que era.