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Vacaciones con los suegros, todo un desafío


«No hay nada más lindo que la familia unida…» Veranear hoy como los Campanelli de entonces -cada grupo familiar con su estructura, estilo y posibilidades- amerita un capítulo aparte en esto de disfrutar y sobrevivir a las vacaciones.

Claro que hay quienes eligen salir de viaje con sus padres o suegros porque les resulta un buen plan. Pero hay otros que, más allá del afecto, viajan con los abuelos con la intención de que cuiden a sus nietos. También están los hijos que vacacionan gracias a la invitación de los «viejos», ya sea por costumbre, dependencia, porque aprovechan para ahorrar o porque no les alcanza el dinero. Cada quien con su realidad y las debidas particularidades del caso, aunque suele haber postales que se repiten.

No hay que olvidarse que, además, si hay un suegro en la foto del álbum del veraneo, uno de los dos también está conviviendo en vacaciones con mamá o con papá. ¿Qué es más complejo, irse de viaje con la madre o con la suegra?

Algunas cuestiones a compartir

1.- Ante todo, antes de salir, responder con sinceridad a la pregunta: ¿por qué voy a irme de vacaciones con mis padres y/o mis suegros? Posibles respuestas, cada quien la suya: por placer, porque me gustaría que comparta este tiempo con sus nietos, porque necesito que los cuiden, porque me lo pidió mi pareja, porque me invitaron, porque es una costumbre que no puedo modificar o suspender …

Lo importante es tener en claro el por qué, recordar la respuesta hasta el regreso de las vacaciones y no olvidar que, de una manera u otra, fue nuestra elección. Si bien las vacaciones son importantes, no es una necesidad básica que debamos saciar a cualquier costo. En este sentido, es una instancia que, de no ser placentera, podríamos (o deberíamos) evitar sin problemas.

2.- Aceptar las condiciones de la elección que hemos tomado, incluso si hemos aceptado hacer el viaje aunque no estemos de acuerdo con las condiciones del plan. Aceptar es hacerse cargo de la decisión, tratar de soltar los enojos y disponerse a encontrar el disfrute. De una u otra forma, recordemos que no podemos pretender algo más de lo que el destino elegido, la situación de viaje y los personajes involucrados puedan llegar a dar u ofrecer.

3.- Sería importante ser lo más diplomáticos y sinceros posible con nuestros compañeros de ruta, antes y durante el viaje. Poder dialogar con padres y/o suegros sobre aquellas cosas que «nos hacen ruido» o que puedan ser un eventual motivo de diferencias.

4.- Ante todo, más allá de los padres o suegros, es importante que la pareja pueda sostener un diálogo adulto, flexible, sin ánimo de promover roces o limar diferencias. Sería bueno que puedan preservar el vínculo, más allá de las dependencias con sus padres que aún puedan existir. Evitemos, incluso, criticar por deporte a los padres de nuestra pareja y, lo que es aún peor, salir en defensa de los propios padres, mucho menos cuando no hay argumentos que sirvan de defensa para determinados comentarios o intromisiones.

5.- Evitar en tiempo de reunión y descanso aquellos temas familiares que puedan ser motivo de conflicto. Hay «treguas» que son necesarias según la situación o el contexto. Así como las fiestas y reuniones, el veraneo es uno de esos momentos que deberíamos valorizar con tiempo de placer y encuentro.

6.- Saber que siempre puede haber una diferencia, distintos puntos de vista o desencuentros. Intentemos no llegar a la confrontación con silencios, respuestas cortas, cambios de tema o retiradas oportunas (con regreso).

7.- Es un buen momento para descubrir al otro, agradecer, pedir perdón o perdonar (aunque el otro no se entere).

Claro que no es fácil. Pero, después de todo, en vacaciones no hay nada que no pueda revertirse con respirar, contar hasta diez, mezclar y repartir de nuevo.

El autor es psicólogo y periodista.

Por Eduardo Chaktoura