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El nuevo escenario político en torno al acto del 17 de octubre

Días atrás, en una reunión en Casa de Gobierno se comenzó a delinear el escenario político de cara al próximo 17 de octubre. Allí, el gobernador Sergio Ziliotto transmitió a un reducido grupo de sindicalistas y funcionarios de su entorno la intención de organizar un acto masivo y de alcance provincial para conmemorar una de las fechas emblemáticas del peronismo.

La composición del encuentro, sin embargo, dejó señales políticas difíciles de soslayar. No participó el intendente de Santa Rosa ni la intendenta de General Pico, tampoco la histórica línea de Convergencia, ni la vicegobernadora, ni el presidente del bloque oficialista en la Legislatura. Ausencias de peso que contrastan con la pretensión de construir una reunión de envergadura.

La iniciativa encontró rápidamente el respaldo de Jorge Lezcano y Roberto Robledo, quienes aparecen entre sus principales impulsores. Pero, al mismo tiempo, una parte importante de la dirigencia peronista observa la convocatoria con distancia.

El contexto tampoco parece acompañar. La decisión de avanzar con un acto político de estas características, y con los recursos que una movilización de esa magnitud supone, llega en medio de una crisis económica que golpea con fuerza, con un PJ atravesado por divisiones internas y con dirigentes que continúan alejándose.

Allí aparece una de las principales contradicciones. Desde la conducción partidaria sostienen públicamente que “están todos invitados”, pero los gestos políticos parecen ir en otra dirección. Persisten las diferencias con el intendente de la capital, la emigración de dirigentes a otros partidos y también las tensiones con quienes deciden mover las piezas dentro del peronismo pampeano.

El caso del diputado Espartaco Marín es una muestra de ese clima interno. Su participación en Buenos Aires en un acto encabezado por Axel Kicillof generó repercusiones dentro del oficialismo y expuso, una vez más, las dificultades para procesar las diferencias sin convertirlas en nuevas disputas.

El gasto excesivo de recursos que representa la organización de estos eventos políticos, especialmente en un contexto económico adverso, profundiza el distanciamiento entre una parte de la sociedad y la dirigencia. La prioridad debería estar puesta en atender los problemas de los pampeanos y, paralelamente, recomponer un peronismo que todavía muestra fracturas evidentes. La unidad requiere diálogo, participación y capacidad para incorporar a la discusión a los sectores que hoy permanecen al margen.

Sin embargo, comienza a instalarse otra lectura dentro del escenario político: que Ziliotto y su entorno tienen la mirada puesta en la proyección nacional, para el futuro político del gobernador y sus funcionarios. Esa interpretación convive con una realidad provincial que reclama respuestas y con una unidad partidaria que está lejos de consolidarse.

Antes de pensar en posicionamientos personales o sectoriales, existe una responsabilidad inmediata: gobernar La Pampa, atender los problemas de su gente y reconstruir los consensos internos.

Mientras tanto, la sociedad observa y toma nota.

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