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Desviarlo o bombardearlo: cuáles son las estrategias para evitar que el asteroide 2024 YR4 impacte en la Tierra

Un asteroide de entre 40 y 90 metros de ancho, el 2024 YR4, tiene una probabilidad de impacto con la Tierra del 3,1% en 2032, según la NASA. A pesar de la creciente preocupación, los expertos enfatizan que hay un 97% de posibilidades de que no impacte y que existen estrategias de defensa planetaria en desarrollo.

El asteroide 2024 YR4, descubierto en diciembre, ha generado preocupación en la comunidad científica y en el público en general debido a su tamaño y la creciente probabilidad de impacto con la Tierra. Según informó la NASA el martes, las probabilidades de que este asteroide impacte nuestro planeta el 22 de diciembre de 2032 han aumentado al 3,1%, la mayor probabilidad de impacto de una roca espacial tan grande en la historia de la predicción moderna. A pesar de esta cifra, Richard Moissl, jefe de la oficina de defensa planetaria de la Agencia Espacial Europea (ESA), hizo un llamado a la calma, enfatizando que la probabilidad de que no impacte sigue siendo del 97%.

A medida que los astrónomos recopilan más datos sobre el asteroide 2024 YR4, se espera que la probabilidad de un impacto directo aumente antes de descender rápidamente a cero. Sin embargo, incluso en el improbable caso de que la probabilidad siga aumentando hasta el 100%, Moissl aseguró que «no estamos indefensos». La NASA ya ha probado con éxito una estrategia de defensa planetaria en 2022, cuando la misión DART impactó deliberadamente contra el asteroide Dimorphos, logrando alterar su órbita. Bruce Betts, científico jefe de la organización sin ánimo de lucro Planetary Society, explicó que se podrían lanzar múltiples sondas de impacto contra el asteroide 2024 YR4 y observar cómo cada una cambia su trayectoria.

Además de la estrategia de impacto cinético, los científicos están considerando otras opciones para desviar asteroides de su trayectoria hacia la Tierra. Estas incluyen el «tractor gravitacional», que consiste en enviar una nave de gran masa cerca del asteroide para usar su atracción gravitatoria y alejarlo de la Tierra, y una estrategia sin contacto que consiste en colocar una nave cerca del asteroide con propulsores que emitan un «flujo constante de iones» para empujarlo fuera de su curso. Otras ideas incluyen rociar pintura blanca en un lado del asteroide para cambiar su trayectoria lentamente impulsado por el viento solar, o disparar rayos láser para vaporizar un lado del asteroide y empujarlo fuera de su trayectoria. En el peor de los casos, se podría considerar la posibilidad de destruir el asteroide con una bomba nuclear, aunque esta es una opción extrema pensada para asteroides de kilómetros de ancho y plantea dilemas éticos, políticos y legales.

A pesar de la preocupación que pueda generar la noticia sobre el asteroide 2024 YR4, los expertos y las agencias espaciales están trabajando en diversas estrategias para proteger nuestro planeta. Como afirmó Moissl, desviar este asteroide sería «factible, pero depende de la rapidez con la que actuemos como planeta». La decisión final sobre cómo abordar la amenaza recaerá en los líderes mundiales, pero mientras tanto, la comunidad científica y las agencias espaciales seguirán monitoreando de cerca este asteroide y otros objetos celestes que puedan representar un peligro para la Tierra.

El impacto del asteroide “Bennu” contra la Tierra podría desencadenar un invierno global de entre tres y cuatro años

Según un estudio publicado en la revista Science Advances, hasta 400 millones de toneladas de material quedarían suspendidas en la atmósfera, generando un oscurecimiento solar.

Un impacto de un asteroide de tamaño medio, de aproximadamente 500 metros de diámetro, podría provocar un descenso de la temperatura global de hasta 4 grados centígrados, una reducción del 15% en las precipitaciones y alteraciones drásticas en la química atmosférica y la fotosíntesis global, según un estudio publicado en la revista Science Advances.

El análisis, dirigido por el Centro de Física del Clima del Instituto de Ciencias Básicas de la Universidad Nacional de Pusan (Corea del Sur), utilizó como modelo el asteroide Bennu, cuya posible colisión con la Tierra en 2182 tiene una probabilidad estimada de 1 entre 2.700.

Los investigadores modelaron los efectos de un impacto de un asteroide de estas dimensiones, considerando una inyección en la atmósfera de entre 100 y 400 millones de toneladas de polvo, además de aerosoles, escombros y cenizas.

En el peor de los escenarios, hasta 400 millones de toneladas de material quedarían suspendidas en la atmósfera, generando un oscurecimiento solar y provocando un “invierno de impacto” que se prolongaría entre tres y cuatro años.

Las simulaciones mostraron que este evento causaría un descenso global de temperaturas de hasta 4 grados centígrados, junto con una reducción del 15 % en las precipitaciones a nivel mundial.

Además, habría un pérdida del 32% de la capa de ozono, lo que aumentaría la radiación ultravioleta. La productividad primaria neta se vería afectada de forma significativa, con una caída del 36% en ecosistemas terrestres y del 25% en ecosistemas marinos, lo que podría alterar gravemente la seguridad alimentaria mundial.

Los efectos sobre la fotosíntesis serían inmediatos, con una reducción inicial del 20-30%, generando condiciones climáticas desfavorables para el crecimiento de las plantas.

Sin embargo, el estudio señala que el crecimiento del plancton marino mostraría un comportamiento distinto, recuperándose en seis meses e incluso aumentando hasta niveles superiores a los normales.

Dependiendo del contenido en hierro del asteroide y del material terrestre expulsado a la estratosfera, algunas regiones oceánicas podrían enriquecerse con hierro biodisponible, favoreciendo la proliferación de diatomeas en el Pacífico ecuatorial oriental y en el océano Antártico durante los tres años posteriores al impacto.

Los autores advierten que sus modelos no incluyen otros factores que podrían amplificar los efectos climáticos, como las emisiones de hollín y azufre de incendios forestales.En esta imagen, proporcionada porEn esta imagen, proporcionada por la NASA, la cápsula de transporte de muestras de la misión Osiris-Rex de la NASA yace en el suelo tras aterrizar en el desierto, en la Pista de Pruebas y Entrenamiento de Utah del Departamento de Defensa (Keegan Barber/AP, Archivo)

Los impactos de asteroides ocurrieron en múltiples ocasiones a lo largo de la historia de la Tierra. El evento más significativo conocido fue el impacto del asteroide que formó el cráter de Chicxulub en México, hace 66 millones de años, con un diámetro estimado de 10 kilómetros, que provocó la extinción de los dinosaurios.

Bennu es, junto con el asteroide Ryugu, uno de los pocos cuerpos de los que se han obtenido muestras directas. La misión Osiris-Rex de la NASA trajo a la Tierra 120 gramos de material de Bennu en septiembre de 2023, que permitió realizar múltiples estudios científicos.

Uno de los hallazgos más recientes, publicado a finales de enero de 2024, reveló la presencia de minerales esenciales para la vida en restos de antigua salmuera dentro del asteroide, así como compuestos nunca antes observados en muestras de este tipo de cuerpos celestes.

(Con información de EFE)